lunes, 18 de febrero de 2019

¿Puedes expresar tu emoción… sin que te domine?


* ¿Puedes expresar tu emoción… sin expresarla desde la emoción?  (Desde la angustia, el enojo, desde el miedo)

Cuando la emoción gana espacio dentro nuestro perdemos el control. Todo nuestro ser, nuestro cuerpo se siente como poseído. Hasta llegamos a expresar palabras ajenas a las que habitualmente utilizamos. Incluso, actuar físicamente, agrediendo.

Al expresarnos desde la emoción es la energía de la emoción la que domina la situación. Es la bronca, la envidia, el miedo, la tristeza entre otras las que hablan por nosotros. En consecuencia, nuestro comportamiento, el dialogo que adoptamos se contamina de juicios, criticas o reproches.

Necesitamos que por sobre todo se comprenda lo que ocurre en nuestro interior, toda esa avalancha que invade cada célula del cuerpo sea comprendida. Que algo o alguien contenga aquello que nos expone al límite del desborde.

Perdemos la perspectiva de la situación, hablamos y actuamos inconscientemente otorgándole todo el control a las emociones.

¿Qué alternativas tenemos para modificar esto?

Si logramos detectar las emociones e identificar su nombre, la opción que nos queda es utilizar la descripción de lo que sentimos.
Esto nos permite tomar distancia y atenuar la ebullición interna.

Por ejemplo, “Comprendes que tu actitud de haberte comprometido con una tarea y haberte olvidado me enoja muchísimo…”
Otro, “me siento muy triste y defraudado por la actitud con la que me tratas, el tono de voz con el que me hablas…”

Si logramos salir del lugar de estar a la defensiva para exponer claramente cuál es nuestra visión de la situación, otorgamos a la otra persona que también pueda expresar su parecer.
“a mí me pasa esto….”, “este es el modo en que entiendo esta situación y me provoca esta emoción….”

Como todo cambio de actitud, implica un permanente ejercicio. Lograr percibir lo que sentimos, como se llama y cuál es el mejor modo, para lograr comunicarlo si generar una agresión.


Ernesto Reich, Reflexólogo Holístico/Instructor

sábado, 9 de febrero de 2019

Las “cosas” por su nombre…





¿Cómo te llevas con las emociones?
(segunda nota)
* ¿Posees capacidad para detectar tus emociones?
* ¿Logras ponerle nombre a tus emociones?
* ¿Puedes expresar tu emoción… sin expresarla desde la emoción?
* ¿Qué emociones hay detrás de las reacciones de los demás?
* Para convivir con las emociones, reflexiona y actúa desde la calma.

-Siento una cosa aquí en el pecho que me pone mal….!!!
-De tanto pensar la cabeza se me va a explotar…!!!
-Tengo una cosa acá en la garganta que no me deja respirar…!!! 

¿Estas sensaciones son físicas o emocionales?
¿Qué nombre le pondríamos a estas emociones?

Decir que tengo una cosa en el pecho es muy diferente de percibir que siento una emoción. Y que esa emoción tiene nombre: ANGUSTIA, por ejemplo.

Al poner nombre a nuestras emociones las podemos identificar y diferenciar. Es muy diferente la angustia del miedo, o la envidia de la indiferencia.

Para ello necesitamos comenzar a ampliar nuestro vocabulario emocional. Cuantas más palabras incorporemos más opciones tendremos de reconocer y diferenciar lo que sentimos.
Te aseguro que la sensación de nombrar una emoción por lo que es resulta magníficamente reconfortante.

Mientras estamos sintiendo eso en alguna parte todo se hace complejo. 

Observa que al decir: “sintiendo eso”, carece de nombre y, nombrar: “en alguna parte”, carece de lugar en nuestro cuerpo.

O sea, todo está indefinido, incierto y, se presta a todo tipo de fantasías y especulaciones.

Cuando olvidamos lo valientes que somos para tantas cosas y perdemos el coraje de acompañarnos a nosotros mismos, delegamos nuestras responsabilidades a otros. Esperamos que otros resuelvan nuestras emociones y sentimientos.

Todos sabemos que la gran mayoría de las disfunciones y patologías tienen un componente emocional. 
Una emoción que nos quedó atorada en la garganta puede desencadenar una contractura o, afonía, tal vez  faringitis o desequilibrio tiroideo. 

Cuanto más tiempo retengamos una emoción mayor serán las posibilidades de que se produzca un desequilibrio.

Al poder nombrar lo que sentimos, se convierte en una entidad que está separada de nosotros, que podemos observar y describir, incluso dialogar con ella. Para lograr preguntar que necesita esa emoción.

Sentir tristeza es diferente a sentirse apenado o decaído por algo en particular y, mucho más diferente sentir tristeza que melancolía. Sentir inseguridad es diferente del miedo.

Te dejo unos ejemplos para que observes la diferencia y cual palabra se acerca a tu real sensación.

Tomemos la emoción de: “frustración”, las opciones podrían ser: decepción, desencanto, desilusión, desengaño, defraudado.  

La emoción de “sensible”: impresionable, delicado, emotivo, sentimental, susceptible, suspicaz, blando, piadoso, compasivo, tierno.
Todas apuntan a lo mismo pero cada palabra se siente diferente.

¿Qué sensación te produjo leer esta nota?

Si fue de agrado, nos vemos en la próxima.

Muchas gracias por leerme…
Saludos,
Ernesto Reich, Reflexólogo Holístico, Instructor.

martes, 5 de febrero de 2019

¿Posees capacidad para detectar tus emociones?


¿Cómo te llevas con las emociones?

* ¿Posees capacidad para detectar tus emociones?
* ¿Logras ponerle nombre a tus emociones?
* ¿Puedes expresar tu emoción… sin expresarla desde la emoción?
* ¿Qué emociones hay detrás de las reacciones de los demás?
* Para convivir con las emociones, reflexiona y actúa desde la calma. 






veamos la primer pregunta...
¿Posees capacidad para detectar tus emociones? 

Lo primero a trabajar y, hablo de un trabajo interno, muy personal, es comenzar a observarnos. Esto parece algo “raro”. ¿Qué quiere significar esto de observarnos?
¿Acaso debo andar con una camarita que me siga a todas partes? ¿Tengo que pasar el día con el celular haciendo selfies? ¿Necesito mirarme más seguido al espejo?
Obviamente que cuando hablamos de observación es llevar nuestra mirada, nuestra atención y percepción hacia el interior. Ese mundo tan privado, tan reservado y tan desconocido.
Para ejemplificarlo, reflexiona sobre esto: ¿cuantas veces te has golpeado con la punta de una mesa o el marco de una puerta y sin reparar en el daño has continuado como si nada?  En la vida, en otros planos como el espiritual, psicológico o el emocional, hacemos lo mismo. Seguimos como si nada hubiera pasado.
Por lo tanto, al observarnos, podemos encontrar todo tipo de conductas a partir de experiencias vividas que utilizamos para desenvolvernos. Esas conductas que conforman nuestros hábitos. Y en muchos casos esos hábitos se vuelven en contra obstaculizando el crecimiento.
Retomando el tema de las emociones, es necesario reconocerlas. Si subes tres pisos por escalera sin para vas a sentir palpitaciones.
Ahora, si te encuentras sentada en un sofá muy cómodo,  mirando la novela de la tarde en el televisor y de pronto, ante una determinada escena romántica comienzas con palpitaciones o te lloran los ojos, pues eso es emocional. Lo que le sucede a tu cuerpo es una reacción emocional.
Cuando te pones roja de vergüenza o de rabia es una reacción emocional. Eso significa que estas sintiendo una emoción.
Observarnos es descubrir la conexión con lo que sentimos: ¡Ahhh…! Esto que estoy sintiendo es una emoción.
¡Y esta emoción hace que reaccione de tal manera! ¡Que pase el día entero queriendo arreglar un problema desde mi cabeza!
¡Y en caso que no alcance el día continúo durante toda la noche, totalmente desvelada…!
Las emociones nacen en nuestro cuerpo, por ello influyen sobre nuestro cuerpo, sobre nuestros pensamientos y acciones.
Pero tengo una sorpresa de regalo.
Como toda situación en la vida, viene con premio.
Y el premio es que por detrás de esa primera emoción que hemos descubierto hay muchísimas más por detrás.
Una clásica emoción de mi padre era el enojo.
El enfado que mi padre expresaba cuando yo sacaba malas calificaciones en la escuela tenia por detrás la emoción del miedo, la frustración y el fracaso de no haber terminado el sus estudios.
Y para empatar la cosa, te comento de mi madre.
La obsesión de mi madre con el tema de la higiene, motivo por el cual nos perseguía si dejarnos tocar nada, estaba sustentado por el miedo ante varios episodios de enfermedades ocurridos en su niñez.
Por ello, el sano entrenamiento que podemos realizar es el de conectar con nuestras emociones para reconocerlas.
Las emociones son solo eso, emociones. Reacciones de nuestro organismo ante una situación. Entenderlas, detectarlas, anticiparlas es un verdadero desafío que produce un antes y un después en nuestras vidas.
Recordemos que somos seres emocionales que hemos aprendido a pensar. Reconocer lo que sentimos es un camino para aprender a conocernos…
Si quieres jugar en como descubrir emociones te dejo esta clave:
Hazte esta pregunta... ¿Qué estoy sintiendo en este momento?
¿Hay alguna otra emoción más…?

Mis saludos hasta la próxima…

Ernesto Reich, Reflexólogo Holístico/Instructor.

jueves, 31 de enero de 2019

Melancolía, aquello que ya fue.





todos los cambios están más o menos teñidos con la melancolía porque lo que dejamos atrás es parte de nosotros mismos”.  Amelia Barr.

Evocar recuerdos trae al presente las emociones que se vivieron en situaciones pasadas. Desde buenos momentos hasta tristezas o miedos.

Volvemos a vivir en nuestro cuerpo idénticas sensaciones sentidas en aquel pasado. Cuantas más veces repitamos el recuerdo, más química se producirá dentro de nosotros. Cada recuerdo agradable será acompañado de una sensación química que nos estimula, llena de energía, crea en nuestra percepción una visión maravillosa de la vida.

Existen, en nuestros cuerpos, cuatro químicos naturales que suelen ser llamados como el “cuarteto de la felicidad”, ellos son: endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina.

La melancolía nos trae a la memoria que, algo que en algún momento existió y ahora está ausente. Que ya es imposible recuperar.
Como sentimiento, la melancolía, es ambivalente. Disfrutamos del recuerdo y sufrimos por la perdida.

Antiguamente era considera un verdadero trastorno, una enfermedad.
En Grecia, Hipócrates se refirió al exceso de  bilis negra como la causa de la melancolía, la tristeza, el abatimiento, la depresión y la apatía. Esta idea se mantuvo hasta el Renacimiento.

El planteo de Hipócrates sostenía que el cuerpo está compuesto por cuatro sustancias básicas, denominadas “humores”. De acuerdo a los equilibrios y desequilibrios en las cantidades de estas sustancias determinaban la salud del organismo.
Estos “humores” correspondían a los elementos aire, fuego, tierra y agua. En el caso de la Bilis negra, se la  vinculada al elemento tierra, cuyas propiedades eran el frío y la sequedad.

Independientemente de las características del temperamento, todos podemos experimentar melancolía.
Sentir desanimo, tristeza, decepción, abatimiento o transitar un período de nostalgia es algo natural, dentro de los parámetros saludables sin considerarse algo patológico. Es imprescindible actuar cuando este estado perdura en el tiempo y se obstaculiza poder encontrar otra dirección.

Al direccionar nuestros pensamientos permanentemente al pasado, buscando y removiendo historias, recuerdos o personas, el presente al cual pertenecemos comienza a perder sentido.
La realidad presente se convierte en un padecimiento insatisfactorio y siempre hay algo que falta.

Por detrás de la melancolía subyace la carencia. Miramos al pasado como un viaje en el tiempo, deseando aferrarnos a lo inexistente ya que su recuerdo nos gratifica, nos endulza por un momento.

Luego, surge la frustración de regresar a nuestra vida cotidiana ya que, sin una actitud positiva y de valoración, se pierde la perspectiva de aceptar la importancia de nuestra activa participación en el el día a día como un proceso crecimiento personal.
Se consolida la creencia de que “todo tiempo pasado fue mejor”.

¿Podemos situar la melancolía como algo detestable, depresivo y asociarlo a sentimientos negativos exclusivamente?

El primer viaje a la Luna se realizó dentro de la mente de quien imaginó algo así, a partir de sus recuerdos y experiencias.

Por lo tanto, la melancolía tiene sus aspectos positivos en nuestra vida cotidiana. Todo va a depender de cuan observadores somos de nuestros pensamientos y con qué fin recurrimos a ella.

El ejercicio que utiliza la persona melancólica en evocar el pasado la convierte en detallista ya que disfruta de todo aquello que complemente sus recuerdos.
Esto también estimula la memoria, almacenando gran cantidad de información que clasifica y ordena meticulosamente.

También estimula la creatividad, ya que quien disfruta de la añoranza, decora lo ocurrido “cada vez más lindo”. Si aprendemos a orientar nuestros aspectos creativos podemos transportarlos al futuro. Recrear nuestros recuerdos hacia nuevos proyectos y metas, habilitando nuevos estímulos.

El saber encontrar en el pasado el placer de revivir una situación acrecienta una cierta exigencia en estrategias de como procesar la información más adecuada.
Tanto la cronología de los hechos ocurridos como la verosimilitud de los mismos son importantes. 

Todo esto también facilita poder enfrentar los propios miedos ya que se cuenta con una gran cantidad de información para comparar entre lo que se siente como hostil y lo que realmente percibimos.

Lejos de ser un sentimiento negativo, la melancolía puede alentarnos en el presente, si reconocemos que nuestro lugar-tiempo es aquí y ahora.
Cuando nos anclamos en un pasado imaginario que sabemos nunca llegará, le abrimos las puertas a la insatisfacción y la depresión.

La persona con temperamento melancólico suele poseer una sensibilidad emocional extrema ante la realidad cotidiana, pudiendo refugiarse en la introversión, analizando y desmenuzando cada detalle.

La atención con la que evocan sus recuerdos también les convierte en personas que requieren de una profunda concentración cuando realizan cualquier tarea, volviéndose muy perfeccionistas. Esto también les vuelve vulnerables padeciendo cambios emocionales bruscos.

Cuando te sientes agobiado por la melancolía, lo mejor es salir y hacer algo amable por alguien (Keble)

Por lo tanto, y tomando la frase anterior, la acción nos salva de alimentar la frustración en el presente para justificar recluirnos en el pasado.
El estado de conflicto, de fricción, está dentro de nosotros. Sentir emociones es algo inherente al ser humano, ser ellas quienes nos gobiernen es algo diferente.

Reconocer las propias virtudes, auto valorarnos, aceptar el reconocimiento de otros, son herramientas aptas para realizar cambios personales. Para convertir en aliadas a aquellas emociones y sentimientos que obstaculizan el desempeño de nuestra vida. La felicidad es un estado que se elige y se construye.

Ernesto Reich, Reflexólogo Holístico/Instructor.
Director de la Escuela Holística Argentina de Terapia Reflexo Facial.

jueves, 10 de enero de 2019

Contracturas, esa rigidez que nos aísla.


Si hablamos de Contracturas 
Algo se derrumba de mi estructura y me resisto a soltarlo.
Ejerzo control. 
El control me rigidiza, no acepto la realidad, y la resistencia me endurece. 
El cuerpo duele, todo se tensa, la resistencia me deja duro, inmóvil, no puedo avanzar. 
Me estanco. 
Contracturas: 

                    La emoción se retiene y el agua en déficit genera rigidez física, 
el agua que todo lo lubrica se seca por exceso de pensamiento y falta de sentimiento. 
Hay necesidad de flexibilizarse.
El agua siempre nutre la tierra, cuando la Tierra se vuelve dura, es tiempo de endulzarla. 
Necesitamos aflojar al Controlador Interno. 
Aflojar la mirada, la mandíbula, la espalda, las tensiones. 
Estar tensos genera hormonas de estrés que desgastan y cansan. 
Estar rígidos nos agota. 
Aflojar los nudos, ir más blandos por la vida. 
Deleguemos, soltemos, pidamos, confiemos.


viernes, 21 de diciembre de 2018

…un cuento de Navidad.




¿Sabes qué es un Buen Regalo?

De chico esperaba la Nochebuena y, con la última campanada, se daba inicio al reparto de regalos.

Para ese momento ya tenía identificado cuales paquetes tenían mi nombre y sus tamaños presagiaban los posibles presentes.

Los más aplastados siempre eran pares de medias, los regalos medios abollados eran alguna camiseta, pero aquéllos con forma de caja eran los más intrigantes. Dentro de esos envases todo podía suceder.

Desde un nuevo autito de colección, el cual debería esconder de las manos de mi hermano menor o, una lapicera a tinta, que insalvablemente caería en la custodia de mis padres para ser usada solo por ellos y que nunca conocería mis ilegibles y despatarrados trazos de escritura.

Pero los verdaderos regalos aunque no tuviesen envoltorios llamativos ni moños de colores, y esto lo descubrí muchos años después, eran los abrazos de las abuelas y tías.

Esos abrazos donde uno quedaba apretujado como entre dos colchones, con las mejillas manchadas de lápiz labial y rubor mezclados con fragancias de agua colonia perenne. Como una mágica poción creada en exclusividad para esa persona y de por vida.

Andando por la calle, suelo percibir perfumes que me evocan sus recuerdos hasta sentir en la piel la fuerte presencia de ellas.

Dejando de lado los maquillajes y apretujones, el verdadero regalo consistía en que me ofrecían su tiempo, sus silencios, sus miradas, sus preguntas sutiles. Y, por sobre todo, sus cariñosas y cómplices sonrisas.

Estos regalos eran imposibles de colocarse al pie del árbol de Navidad y aun así estaban incondicionalmente.

Las medias se llenaban de agujeros o se perdían, las camisetas a veces achicaban al primer lavado, los autitos de colección terminaban entre los juguetes de mi hermano canjeados por algún favor y, las

lapiceras, de eso ya sabemos…

Pero ese tiempo de comprensión, el espacio de conexión y afecto, esa presencia que acompaña y cobija al mismo tiempo, todo ello y más aún, es parte de mí.

Son esos regalos que, como una camisa nueva, uno luce todos los días con orgullo.

Recordar sus miradas en las cuales uno se sentía reconocido, amado; instantes en donde la empatía brillaba en el aire.

Todo regalo contiene una intención.

Algunos retribuyen, reconfortan, otros halagan o compensan, comprometen o desvinculan.

Hay presentes que al poco tiempo pierden importancia y caen en el olvido. Algo así como “pan para hoy y hambre para mañana”.

Los buenos regalos, los que te ayudan a erguirte como persona, a valorar y valorarte, a ser agradecido sin formalidades, a construir la fe con acciones, a ser fiel a tus creencias, esos regalos se atesoran de por vida.

¿Ya se te ocurrió que buen regalo podes hacer?

¡Muy felices fiestas…!!!, es mi deseo y mi regalo.

Ernesto Reich.


jueves, 20 de diciembre de 2018

4° promoción de Posgrado anual en Terapia Reflexo Facial


Y llegamos al final de un ciclo,
4° promoción de egresadas del
Posgrado anual en Terapia Reflexo Facial
Liliana Accorinti 
felicitaciones Colegas !!!

*abierta la inscripción 2019*
toda la información la encontras en:
http://terapiareflexofacial.blogspot.com/p/formacion.html
Dictado por Ernesto Reich, Rfxl. Holístico/Instructor.
para entrevistas
+54 9 11 5803-1473 (wasp)
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