Mostrando entradas con la etiqueta salud. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta salud. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de mayo de 2020


CARTA ABIERTA a los Reflexólogos.

Queri@s Colegas y alumnos en Reflexólogos:

Con el deseo de mejorar la calidad de vida de otras personas nos hemos formado en distintos métodos de reflexología.

Nos perfeccionamos en reflexología sintomática, en reflexología holística, en técnicas de toques suaves o muy intensos y profundos.

En reflexología de manos, en pies o el rostro.

Incorporamos metodologías peruanas, españolas, israelíes o dinamarquesas.

Descubrimos distintas áreas reflejas y movilizaciones fisioterapéuticas desconocidas.

Hemos aprendido a acompañar a nuestros consultantes desde la escucha atenta, desde la pregunta y obviamente, el masaje.

Elegimos las mejores opciones de confort para recibir y atender a los consultantes en el gabinete.

Encontramos el punto justo entre valor y precio en los honorarios por la atención que ofrecemos.

Disfrutamos nuestra labor al contactar el espacio reflejo de otra persona tanto en las manos, rostro o pies.

Estamos atentos al registrar como el masaje proporciona relajación y alivio a los malestares de la persona.

Estamos entrenados en percibir los cambios de energía y tensión en el cuerpo. Entrenados para poder leer a la persona desde la piel.

Nos conmueve esa agradable sensación de la labor cumplida en el abrazo de despedida y la sonrisa de agradecimiento de quienes salen del gabinete después de una sesión de reflexología.

De pronto toda esta realidad ha cambiado.
Lejos aún de realizar la próxima sesión, resulta inimaginable retornar a nuestras rutinas.

Los posibles protocolos de cuidados para la atención en el rubro de los masajes corporales están muy difusos.

La continuidad en los horarios de las sesiones deberá ser espaciada.

Las medidas de higiene requerirán más atención y esfuerzo.

Toda la realidad es nueva y, ante el deseo de continuar desarrollando esta beneficiosa y saludable profesión es que necesitamos adaptarnos.

Desarrollar toda nuestra creatividad y resiliencia.

Esta nueva realidad es mucho más que reordenar detalles, es reorganizar nuestros pensamientos, nuestros hábitos y nuestro rol social.

Cuando se habilite la circulación, el reencuentro cercano, el contacto, nuestra mirada también deberá ser nuevo.

Nuevo en los espacios físico, en contención, en como escuchar, en como intuir las vivencias escritas en la piel de los consultantes.

Vivencias y situaciones que posiblemente serán similares a las que nos han tocado vivir o aún estamos transitando.

Es indispensable reconstruirnos como reflexólogos.

Repensarnos en esta nueva historia que necesita ser escrita con el objetivo de edificar una nueva calidad de vida.

Repensarnos en como participar en esta nueva calidad de vida.

Hagamos uso de nuestra imaginación, proyectemos desde el pensamiento nuestro nuevo gabinete y como deseamos estar trabajando en él.

Visualicemos nuevos hábitos, recreemos imaginariamente como seria trabajar en esta diferente realidad.

Una realidad que, probablemente, será por mucho tiempo.

Cuanto más pronto pensemos en como reorganizarnos, más aliviados estaremos a la hora de recibir y acompañar la necesidad de otras personas en reorganizar sus vidas.

Comenzar a preocuparnos ahora cuando aún hay tiempo es caer en un estado de desgaste, y como ya sabemos, el estrés genera perdida de autodefensas que necesita nuestro organismo para realmente actuar.

Lo opuesto a preocuparnos es ocuparnos.

Todos los requerimientos apuntan a la higiene para evitar la propagación de contagios.

Transformemos conscientemente nuestros hábitos en el gabinete extremando el cuidado de la higiene.

Busquemos fuentes confiables y mantengámonos informados.

Evitemos los dichos de que “alguien le contó que le contaron…”

Consultemos a otros colegas o instituciones.

Estemos atentos a los protocolos que están vigentes y a los que seguramente se dictaran oportunamente.

Recurramos a todas las herramientas de sentido común a nuestro alcance para continuar desarrollando esta actividad tan necesaria en esta nueva realidad.

Aprovechemos estos tiempos para capacitarnos en nuevas alternativas terapéuticas.

Si la reflexología es un método de contacto natural, no invasivo, que estimula el auto-equilibrio natural de las personas, aportemos nuestro entusiasmo y consciencia en desempeñarnos en un nuevo comportamiento de contacto con otro, tan semejante y necesitado como uno.

Ernesto Reich, Reflexólogo Holístico, Instructor.
Socio 284/ Asociación Argentina de Reflexólogos.

lunes, 6 de abril de 2020

Resignificar la ausencia…en épocas del coronavirus.


Resignificar la ausencia…en épocas del coronavirus.



¿Qué es para vos la ausencia?
¿Una carencia?
¿El abandono de la presencia de algo o alguien?
¿La falta de existencia de algo o alguien?

Nadie está preparado hasta que la ausencia llega.
La situación de ausencia es un terreno misterioso y poco explorado, nos asalta inesperadamente y en muchos casos, solo conocemos sus síntomas y consecuencias.

Desde la desaparición de un objeto, la pérdida de un espacio social o laboral, un ser querido por distanciamiento o muerte, la ausencia produce un profundo quiebre en nuestras vidas. 

También la pérdida del ritmo diario de vida genera ausencia.
La ausencia de las rutinas cotidianas.
El transitar libremente e interrelacionarnos con quienes deseemos. Concurrir a los espacios de trabajo, de esparcimiento.

De pronto cada acto debe ser premeditadamente planificado.
El barbijo, los guantes, el alcohol en gel.
Perdemos la espontaneidad conocida, y en muchos casos en automático.
Ahora necesitamos observar más atentamente nuestros movimientos.

Todo se modifica y las convivencias se reacomodan.
Perdemos el individualismo en pos de medidas que engloban una actitud social y comunitaria.
Este nuevo orden produce tensión, estresa y como toda situación conflictiva, nos desestabiliza. 

Como seres racionales podemos recomponer las piezas en este nuevo rompecabezas desde lo intelectual.
Nuestra mente logra juntar los pedazos.
Aparecen frases y palmaditas sobre nuestros hombros.
Mensajes de texto, video llamadas, encuentros virtuales.

Aun así, en nuestro interior, algo puede quebrarse y quedar atascado.
Se alteran nuestras emociones y el modo en que vemos y disfrutamos la vida.

El efecto de la ausencia se hace presente.
En ese momento comienza el proceso del duelo, sin tiempos. 

El universo emocional de cada persona es único e irrepetible.
Cada persona transitará diferentes reacciones.
Interiormente, cada uno descubre a su ritmo cuando se cierra un ciclo en su vida, para dar lugar al comienzo de otro nuevo.

Elizabeth Kübler Ross, psiquiatra, planteó la teoría de “las cinco etapas del duelo” orientado a las personas que están en estado terminal.
La Negación; la Ira, rabia, resentimiento; el Pacto, la negociación con el dolor y culpa; la Depresión; y la Aceptación, la Resiliencia.
Estas etapas nos posibilitan, por sobre todo, poder identificar y poner palabras a algunas de las infinitas emociones que pudieran atravesarnos ante una situación de perdida.

Estas etapas carecen de un tiempo de duración y orden preciso.
Por ello, los siguientes parrafos proponen posibles situaciones que pudieran surgir.


Aceptar y permitirse estar en duelo.

Nuestra primera reacción es de desconcierto ante lo que ocurre.
También la negación.
“¡esto no puede ser!”, “me están engañando”…

La confusión, negar la realidad es tan solo un mecanismo de defensa. Necesitamos poner un muro, aislarnos, evitar el sufrimiento.
Podemos distraernos de sentir dolor, negarlo. Luego reaparecerá.

Un comienzo es permitirse estar mal.
Reconocer sentirse vulnerable, de necesitar estar contenido.
Aceptar que todos nuestros valores, intereses, ocupaciones y amistades se verán alterados.

Las costumbre pueden cambiar, desdibujarse, todo esto será pasajero.
Para transitar este momento necesitamos enfocarnos en estar presente en el ahora.
Suspender todo pensamiento de lo que hubiese sido o de lo que podría ser.
Solo existe lo que siento ahora y el momento en el que me encuentro. Instante a instante.


Aceptar y permitirse el dolor.

Si sentir dolor es algo insoportable, aceptarlo, permitirlo y expresarlo puede ser mucho peor.
Un nuevo momento en estas etapas es abrir nuestro corazón al dolor, encontrar palabras para corporizarlo.

Seguir caminando como si nada ocurriese, negando la realidad, acorazados de todos y todo, solo nos convierte en un volcán al borde de la erupción.

De a poco, necesitamos lograr expresar el miedo, el enojo, la tristeza, descubrir con que palabras podemos nombrar nuestras emociones.  
Así evitaremos que permanezcan alojadas en nuestro cuerpo con la posibilidad de provocar disfunciones.



Aceptar y permitirse el tiempo necesario para sanar.

Cuando sufrimos un accidente, luego de aceptar lo ocurrido y su dolor, lo que resta es transitar el camino de sanar.

Un camino de tiempos muy personales.
Los tiempos que necesite cada uno. El resto son estadísticas.
Desde uno a tres años, pero hasta siete años también…

Cada ser necesita transitar la perdida a su manera y de un modo sentido.
Lograr encontrar un lugar para todos esos sentimientos que, lo que o a quien se haya perdido, nunca va a escuchar. 

Este tiempo de sanación también traerá recaídas.
Circunstancias como aniversarios o fiestas que provocaran recuerdos, evocando una vez más la ausencia.


Aceptarse con paciencia.

Permanentemente sembramos paciencia ante las circunstancias de los demás.
Para con nosotros mismos, somos jueces rigurosos y poco contemplativos.

Las emociones así como llegan, nos movilizan y sacuden, también se van.
Retenerlas, como queriendo retener lo perdido, solo terminan lastimando y poniendo en evidencia el vacío de lo perdido, la ausencia.
Además, nos consume mucha energía.
Abrazarnos con paciencia, contemplarnos con la mirada de un niño, con ingenuidad, con inocencia, nos habilita a poder acompañarnos interiormente. 

Actuemos con gentileza, con actitud amorosa hacia nosotros. Recordemos que no somos el enemigo.


Aceptar que una parte de uno quiere morirse.

¿Qué sentido tiene estar sin su presencia?
Es natural ante la ausencia de un ser, surja el deseo de querer partir también.
Ante la pérdida de algo, perder el significado de vivir.
Es tan solo un sentir, una necesidad de querer conservar el contacto con lo que se ha perdido de cualquier modo. 

Los intensos sentimientos de tristeza, culpa, rabia, abatimiento o confusión son solo eso.
Sentimientos que tan solo son una parte de todas las partes que como seres nos conforman.
Observemos todas las maravillosas posibilidades con las que contamos, más allá de la oscuridad que tenga el túnel que se nos presenta por delante.


Permitirse evitar las decisiones trascendentes.

Cambiar equivocadamente un producto es fácilmente reparable.
Decidir apresuradamente, abalanzarse a nuevos proyectos, provocar la ruptura o inicios de relaciones, puede teñirse de emociones o frustraciones.
La ausencia de la distancia y objetividad necesaria para observar realmente lo que necesitamos puede provocar importantes desaciertos.


Aceptar y permitirse el descanso, la diversión, el disfrutar y la sana alimentación.

La ausencia, el abandono, despierta más desamparo.
Sentir la pérdida de aquello que nos nutre en cualquier plano, acrecienta la sensación de carecer de derecho a nutrirnos.

Conservar los horarios de sueño, la preparación de los alimentos saludables evitando excesos, la organización de momentos de esparcimiento solo o en compañía. Todo aquello que nos nutre y contiene afectivamente.
Y ante todo, descubrir y organizar el ritmo interno necesario en cada situación.


Aceptar la necesidad de contención y apoyo en otros.

Ante la sensación de minimizar una perdida y la creencia de pretender arreglarnos solito, debemos agudizar el cuidado.

Tan solo uno puede encontrar las respuestas a su propio dolor.
La presencia de otro puede facilitar las palabras que proyecten el camino.
Negar el acompañamiento es negar la posibilidad de reparar el dolor de la ausencia.

La ayuda llega cuando uno está abierto a recibirla y la pide.
Aceptar también la posibilidad de recurrir a la ayuda profesional, sea la elección y necesidad que prevalezca.


Permitirse confiar en uno mismo, escucharse.

Los pensamientos diariamente nos aturden, nos dirigen y hasta nos confunden…
Escucharnos, reconocer nuestra voz interior, es abrazar nuestra guía. Esa la voz que mas nos conoce, la que siempre nos ha acompañado en toda clase de circunstancias…y, un duelo, es una circunstancia mas en el proceso de la vida.

Resignificar la ausencia es encontrar el sentido del aprendizaje, el para que necesito transitar esta experiencia en mi vida…
Permeabilizarnos ante la ausencia para descubrir que nueva semilla puede florecer.
Es descubrir toda la fuerza interior que contenemos, por mérito propio y, la recibida en herencia de las generaciones anteriores.
Es reconocer al niño que le dejó paso al adolescente que se transformó en adulto y, todos ellos juntos, conviven dentro nuestro.

A partir de allí, se puede encontrar un nuevo significado en cada aspecto y plano de nuestra existencia.
La magia esta en encontrar la plenitud al aceptar cada momento, estando presente.

Lo que la oruga interpreta como el fin del mundo es lo que el maestro denomina mariposa. (Richard Bach)

Ernesto Reich,
Reflexólogo Holístico. Abril/2020.



La psiquiatra Elizabeth Kübler Ross (suiza-estadounidense/1926-2004) experta mundialmente en cuidados paliativos y en atención de personas en situación de pérdidas, desarrolló una teoría que llamó: Las 5 etapas del Duelo.


sábado, 23 de febrero de 2019

Observa como es la reacción y descubrirás que emociones hay detrás…


(Los resortes emocionales que nos obligan a reaccionar….)

La función de las emociones es el medio para adaptarnos al ambiente que nos rodea. Es un estado que sobreviene súbita y bruscamente.

En algunos casos en forma de crisis más o menos violentas y, según el carácter de la persona, más o menos pasajeras.

Cuando algo nos provoca incertidumbre o inseguridad, por detrás comienza a crecer el Miedo. Se despierta la necesidad de protección.

Al encontrarnos ante una situación imprevista, muy diferente a lo acostumbrado, nos desconcertamos o sobresaltamos. La Sorpresa se presenta para ayudarnos en como orientarnos ante lo nuevo.  

Como seres humanos, experimentar emociones implica un conjunto de informaciones conscientes y subconscientes que dan marco a como percibimos y valoramos el mundo con el que interactuamos.

Dentro del conjunto de informaciones, podemos comenzar por nuestra sensibilidad de carácter, el entorno donde nos criamos, la educación recibida, las creencias y actitudes, nuestro compromiso ante la vida.

Al observar atentamente, tomando distancia, tanto de las reacciones propias como las reacciones de los otros, podremos descubrir y comprender que emociones han provocado reaccionar de tal modo.

Lo primero que ocurre cuando nos sentimos avasallados en ponernos a la defensiva. Al comprender cuales emociones están por detrás de las reacciones podemos descubrir si son una respuesta emocional sin control  a diferencia de una ofensa personal.

Recordemos que siempre existe la opción de la pregunta.

¿Esta reacción que estas expresando es contra mí?...
¿Necesitas agredirme por algo en particular?

¿Te fue útil la nota…?

Muchas gracias por leerme.

Ernesto Reich, Reflexólogo Holístico/Instructor.

lunes, 18 de febrero de 2019

¿Puedes expresar tu emoción… sin que te domine?


* ¿Puedes expresar tu emoción… sin expresarla desde la emoción?  (Desde la angustia, el enojo, desde el miedo)

Cuando la emoción gana espacio dentro nuestro perdemos el control. Todo nuestro ser, nuestro cuerpo se siente como poseído. Hasta llegamos a expresar palabras ajenas a las que habitualmente utilizamos. Incluso, actuar físicamente, agrediendo.

Al expresarnos desde la emoción es la energía de la emoción la que domina la situación. Es la bronca, la envidia, el miedo, la tristeza entre otras las que hablan por nosotros. En consecuencia, nuestro comportamiento, el dialogo que adoptamos se contamina de juicios, criticas o reproches.

Necesitamos que por sobre todo se comprenda lo que ocurre en nuestro interior, toda esa avalancha que invade cada célula del cuerpo sea comprendida. Que algo o alguien contenga aquello que nos expone al límite del desborde.

Perdemos la perspectiva de la situación, hablamos y actuamos inconscientemente otorgándole todo el control a las emociones.

¿Qué alternativas tenemos para modificar esto?

Si logramos detectar las emociones e identificar su nombre, la opción que nos queda es utilizar la descripción de lo que sentimos.
Esto nos permite tomar distancia y atenuar la ebullición interna.

Por ejemplo, “Comprendes que tu actitud de haberte comprometido con una tarea y haberte olvidado me enoja muchísimo…”
Otro, “me siento muy triste y defraudado por la actitud con la que me tratas, el tono de voz con el que me hablas…”

Si logramos salir del lugar de estar a la defensiva para exponer claramente cuál es nuestra visión de la situación, otorgamos a la otra persona que también pueda expresar su parecer.
“a mí me pasa esto….”, “este es el modo en que entiendo esta situación y me provoca esta emoción….”

Como todo cambio de actitud, implica un permanente ejercicio. Lograr percibir lo que sentimos, como se llama y cuál es el mejor modo, para lograr comunicarlo si generar una agresión.


Ernesto Reich, Reflexólogo Holístico/Instructor

martes, 5 de febrero de 2019

¿Posees capacidad para detectar tus emociones?


¿Cómo te llevas con las emociones?

* ¿Posees capacidad para detectar tus emociones?
* ¿Logras ponerle nombre a tus emociones?
* ¿Puedes expresar tu emoción… sin expresarla desde la emoción?
* ¿Qué emociones hay detrás de las reacciones de los demás?
* Para convivir con las emociones, reflexiona y actúa desde la calma. 






veamos la primer pregunta...
¿Posees capacidad para detectar tus emociones? 

Lo primero a trabajar y, hablo de un trabajo interno, muy personal, es comenzar a observarnos. Esto parece algo “raro”. ¿Qué quiere significar esto de observarnos?
¿Acaso debo andar con una camarita que me siga a todas partes? ¿Tengo que pasar el día con el celular haciendo selfies? ¿Necesito mirarme más seguido al espejo?
Obviamente que cuando hablamos de observación es llevar nuestra mirada, nuestra atención y percepción hacia el interior. Ese mundo tan privado, tan reservado y tan desconocido.
Para ejemplificarlo, reflexiona sobre esto: ¿cuantas veces te has golpeado con la punta de una mesa o el marco de una puerta y sin reparar en el daño has continuado como si nada?  En la vida, en otros planos como el espiritual, psicológico o el emocional, hacemos lo mismo. Seguimos como si nada hubiera pasado.
Por lo tanto, al observarnos, podemos encontrar todo tipo de conductas a partir de experiencias vividas que utilizamos para desenvolvernos. Esas conductas que conforman nuestros hábitos. Y en muchos casos esos hábitos se vuelven en contra obstaculizando el crecimiento.
Retomando el tema de las emociones, es necesario reconocerlas. Si subes tres pisos por escalera sin para vas a sentir palpitaciones.
Ahora, si te encuentras sentada en un sofá muy cómodo,  mirando la novela de la tarde en el televisor y de pronto, ante una determinada escena romántica comienzas con palpitaciones o te lloran los ojos, pues eso es emocional. Lo que le sucede a tu cuerpo es una reacción emocional.
Cuando te pones roja de vergüenza o de rabia es una reacción emocional. Eso significa que estas sintiendo una emoción.
Observarnos es descubrir la conexión con lo que sentimos: ¡Ahhh…! Esto que estoy sintiendo es una emoción.
¡Y esta emoción hace que reaccione de tal manera! ¡Que pase el día entero queriendo arreglar un problema desde mi cabeza!
¡Y en caso que no alcance el día continúo durante toda la noche, totalmente desvelada…!
Las emociones nacen en nuestro cuerpo, por ello influyen sobre nuestro cuerpo, sobre nuestros pensamientos y acciones.
Pero tengo una sorpresa de regalo.
Como toda situación en la vida, viene con premio.
Y el premio es que por detrás de esa primera emoción que hemos descubierto hay muchísimas más por detrás.
Una clásica emoción de mi padre era el enojo.
El enfado que mi padre expresaba cuando yo sacaba malas calificaciones en la escuela tenia por detrás la emoción del miedo, la frustración y el fracaso de no haber terminado el sus estudios.
Y para empatar la cosa, te comento de mi madre.
La obsesión de mi madre con el tema de la higiene, motivo por el cual nos perseguía si dejarnos tocar nada, estaba sustentado por el miedo ante varios episodios de enfermedades ocurridos en su niñez.
Por ello, el sano entrenamiento que podemos realizar es el de conectar con nuestras emociones para reconocerlas.
Las emociones son solo eso, emociones. Reacciones de nuestro organismo ante una situación. Entenderlas, detectarlas, anticiparlas es un verdadero desafío que produce un antes y un después en nuestras vidas.
Recordemos que somos seres emocionales que hemos aprendido a pensar. Reconocer lo que sentimos es un camino para aprender a conocernos…
Si quieres jugar en como descubrir emociones te dejo esta clave:
Hazte esta pregunta... ¿Qué estoy sintiendo en este momento?
¿Hay alguna otra emoción más…?

Mis saludos hasta la próxima…

Ernesto Reich, Reflexólogo Holístico/Instructor.

jueves, 31 de enero de 2019

Melancolía, aquello que ya fue.





todos los cambios están más o menos teñidos con la melancolía porque lo que dejamos atrás es parte de nosotros mismos”.  Amelia Barr.

Evocar recuerdos trae al presente las emociones que se vivieron en situaciones pasadas. Desde buenos momentos hasta tristezas o miedos.

Volvemos a vivir en nuestro cuerpo idénticas sensaciones sentidas en aquel pasado. Cuantas más veces repitamos el recuerdo, más química se producirá dentro de nosotros. Cada recuerdo agradable será acompañado de una sensación química que nos estimula, llena de energía, crea en nuestra percepción una visión maravillosa de la vida.

Existen, en nuestros cuerpos, cuatro químicos naturales que suelen ser llamados como el “cuarteto de la felicidad”, ellos son: endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina.

La melancolía nos trae a la memoria que, algo que en algún momento existió y ahora está ausente. Que ya es imposible recuperar.
Como sentimiento, la melancolía, es ambivalente. Disfrutamos del recuerdo y sufrimos por la perdida.

Antiguamente era considera un verdadero trastorno, una enfermedad.
En Grecia, Hipócrates se refirió al exceso de  bilis negra como la causa de la melancolía, la tristeza, el abatimiento, la depresión y la apatía. Esta idea se mantuvo hasta el Renacimiento.

El planteo de Hipócrates sostenía que el cuerpo está compuesto por cuatro sustancias básicas, denominadas “humores”. De acuerdo a los equilibrios y desequilibrios en las cantidades de estas sustancias determinaban la salud del organismo.
Estos “humores” correspondían a los elementos aire, fuego, tierra y agua. En el caso de la Bilis negra, se la  vinculada al elemento tierra, cuyas propiedades eran el frío y la sequedad.

Independientemente de las características del temperamento, todos podemos experimentar melancolía.
Sentir desanimo, tristeza, decepción, abatimiento o transitar un período de nostalgia es algo natural, dentro de los parámetros saludables sin considerarse algo patológico. Es imprescindible actuar cuando este estado perdura en el tiempo y se obstaculiza poder encontrar otra dirección.

Al direccionar nuestros pensamientos permanentemente al pasado, buscando y removiendo historias, recuerdos o personas, el presente al cual pertenecemos comienza a perder sentido.
La realidad presente se convierte en un padecimiento insatisfactorio y siempre hay algo que falta.

Por detrás de la melancolía subyace la carencia. Miramos al pasado como un viaje en el tiempo, deseando aferrarnos a lo inexistente ya que su recuerdo nos gratifica, nos endulza por un momento.

Luego, surge la frustración de regresar a nuestra vida cotidiana ya que, sin una actitud positiva y de valoración, se pierde la perspectiva de aceptar la importancia de nuestra activa participación en el el día a día como un proceso crecimiento personal.
Se consolida la creencia de que “todo tiempo pasado fue mejor”.

¿Podemos situar la melancolía como algo detestable, depresivo y asociarlo a sentimientos negativos exclusivamente?

El primer viaje a la Luna se realizó dentro de la mente de quien imaginó algo así, a partir de sus recuerdos y experiencias.

Por lo tanto, la melancolía tiene sus aspectos positivos en nuestra vida cotidiana. Todo va a depender de cuan observadores somos de nuestros pensamientos y con qué fin recurrimos a ella.

El ejercicio que utiliza la persona melancólica en evocar el pasado la convierte en detallista ya que disfruta de todo aquello que complemente sus recuerdos.
Esto también estimula la memoria, almacenando gran cantidad de información que clasifica y ordena meticulosamente.

También estimula la creatividad, ya que quien disfruta de la añoranza, decora lo ocurrido “cada vez más lindo”. Si aprendemos a orientar nuestros aspectos creativos podemos transportarlos al futuro. Recrear nuestros recuerdos hacia nuevos proyectos y metas, habilitando nuevos estímulos.

El saber encontrar en el pasado el placer de revivir una situación acrecienta una cierta exigencia en estrategias de como procesar la información más adecuada.
Tanto la cronología de los hechos ocurridos como la verosimilitud de los mismos son importantes. 

Todo esto también facilita poder enfrentar los propios miedos ya que se cuenta con una gran cantidad de información para comparar entre lo que se siente como hostil y lo que realmente percibimos.

Lejos de ser un sentimiento negativo, la melancolía puede alentarnos en el presente, si reconocemos que nuestro lugar-tiempo es aquí y ahora.
Cuando nos anclamos en un pasado imaginario que sabemos nunca llegará, le abrimos las puertas a la insatisfacción y la depresión.

La persona con temperamento melancólico suele poseer una sensibilidad emocional extrema ante la realidad cotidiana, pudiendo refugiarse en la introversión, analizando y desmenuzando cada detalle.

La atención con la que evocan sus recuerdos también les convierte en personas que requieren de una profunda concentración cuando realizan cualquier tarea, volviéndose muy perfeccionistas. Esto también les vuelve vulnerables padeciendo cambios emocionales bruscos.

Cuando te sientes agobiado por la melancolía, lo mejor es salir y hacer algo amable por alguien (Keble)

Por lo tanto, y tomando la frase anterior, la acción nos salva de alimentar la frustración en el presente para justificar recluirnos en el pasado.
El estado de conflicto, de fricción, está dentro de nosotros. Sentir emociones es algo inherente al ser humano, ser ellas quienes nos gobiernen es algo diferente.

Reconocer las propias virtudes, auto valorarnos, aceptar el reconocimiento de otros, son herramientas aptas para realizar cambios personales. Para convertir en aliadas a aquellas emociones y sentimientos que obstaculizan el desempeño de nuestra vida. La felicidad es un estado que se elige y se construye.

Ernesto Reich, Reflexólogo Holístico/Instructor.
Director de la Escuela Holística Argentina de Terapia Reflexo Facial.